"Lo incierto es peor que lo malo".
Lo incierto es peor que lo malo, frase de moda en los mercados financieros que termina definiendo una intolerable existencia de una gran mayoría de santacruceños. Para comprender esta dura realidad es necesario diseccionar el tiempo, porque esta sociedad ya no sufre en una sola dimensión, sino que está atrapada en una tormenta perfecta de tres frentes: el peso del ayer, el golpe del presente y el vacío del mañana.
Del Pasado: La Culpa del Cómplice Involuntario
Santa Cruz un feudo caracterizado por largas lealtades y memorias cortas. Durante décadas, el electorado validó un modelo, en el que "Más de lo mismo" no era solo una consigna, sino que se fue transformando en una forma de vida, un contrato tácito de previsibilidad.
Un pasado que se manifiesta como Culpa. No es el miedo a lo que pasó, ni el reproche de haber tenido miedo, sino el más severo juicio sobre la propia mano que puso la boleta en la urna. El santacruceño – en general - siente la disonancia cognitiva: ¿Cómo pudimos sostener esto tanto tiempo?. Tramposa culpa no sentida en su momento como error sino como seguridad. El pueblo votó "lo malo conocido" para evitar el abismo, al costo de seguir canjeando libertad y justicia por seguridad. A cambio de aquella paz social entre comillas.
Hoy entendemos que aquella "paz social" era una estafa financiera: firmamos un pagaré en blanco a cambio de tranquilidad, y ahora nos vienen a ejecutar la deuda. No hay quita, ni espera. Hay que pagar por haber creído, por haber callado y por haber consentido. Una sentencia que adquirió firmeza, y nos vamos anoticiando que lo embargado será el futuro de todos.
Del Presente: El Estrés de la Intemperie
Si la culpa mira atrás, el estrés golpea ahora. El estrés, aquella reacción biológica de un organismo que percibe que las demandas del entorno superan sus capacidades.
Mientras tanto los habitantes de esta tierra en general coexisten en un estado de alerta masivo. El Estado, que durante años funcionó como un "padre" (a veces estricto, a veces dadivoso, pero siempre presente), se ha retirado o ha cambiado las reglas. El estrés actual nace de la intemperie, de esa situación de estar desnudo y en caída libre. A sabiendas tal vez de que no hay redes que amortigüen el golpe. Una inflación distinta al resto de la nación. Pues la provincia ya no sigue la suerte del plano nacional. La pauta salarial cero, y los carritos cada vez más onerosos, los sueldos que llegan cada vez más tarde, servicios que colapsan, personas que desaparecen, indiferencia ante el dolor de los enfermos, de los ancianos y los niños. Mientras se multiplican las preguntas ya no se encuentran respuestas. Todo ello configura una agresión cotidiana y recurrente.
Aquí radica la paradoja cruel: el estrés presente es tan insoportable que empieza a distorsionar la memoria. El dolor de hoy es tan agudo que hace que las heridas de ayer parezcan caricias.
Del Futuro: La Angustia y el Vértigo
El ser humano puede soportar el sufrimiento si tiene un horizonte (una fecha de vencimiento de la agonía, una promesa creíble). Cuál, si fuera un barco sin timón, el problema de Santa Cruz hoy no es solo que está mal, sino que no sabe hacia dónde va. Y como dicen quien no sabe dónde va, llega precisamente donde no quiere.
La incertidumbre es un ácido que corroe la voluntad. Cuando el futuro se convierte en espesa bruma, el instinto de supervivencia se activa y no hace más que buscar tierra firme, tierra firme a cualquier costo, incluso si esa tierra está podrida.
¿Por qué extrañar al verdugo?
Desde la filosofía y la psicología de masas, esto tiene una explicación lógica. El ser humano prioriza la Seguridad (Certeza) sobre la Libertad o incluso sobre la Justicia. El modelo anterior, con todos sus defectos, corrupción o estancamiento, ofrecía una certeza operativa. Sabías qué día cobrabas (o qué día reclamabas), sabías a quién pedirle, sabías las reglas del juego, aunque el juego estuviera amañado. Era "lo malo", pero era sólido. Era un hecho fáctico. El escenario actual es "lo incierto". Y ante la angustia de no saber si mañana habrá suelo bajo los pies, la mente humana idealiza el pasado; "Robaban, pero hacían". "Estábamos mal, pero tranquilos". Es la trampa de la nostalgia del prisionero: en la cárcel la comida era mala y la libertad nula, pero al menos sabías que a las 12 servían el almuerzo. Hoy, en la libertad de este caos infinito, ya ni siquiera se garantiza el miserable almuerzo de las 12.
Conclusión: La Trampa Democrática
El pueblo santacruceño está atravesando un duelo patológico. Los sectores acomodados (ese "establishment" que siempre cae parado) miran esto con indiferencia y frialdad, protegidos por aquellas pólizas de seguros que a nuestras expensas supieron conseguir. Pues sencillamente no les toca experimentar la culpa, ni sufrir el estrés del presente y menos aún la angustia del futuro
Pero el trabajador común en general y el empleado público en general ha quedado atrapado en la trampa: y en efecto experimenta que efectivamente existe algo peor que lo malo y la respuesta no es ni más ni menos que “lo incierto”.
Este pueblo que hasta hace tan solo un par de años invirtió - lo único que le quedaba - su esperanza (Futuro) en un cambio, pero el cambio no trajo más que incertidumbre. Mira al pasado (Culpa) y se arrepiente, pero al mismo tiempo lo extraña porque el presente (Estrés) lo asfixia.
El peligro real es que esta combinación quiebre el espíritu cívico. Cuando lo incierto se vuelve insoportable, los pueblos no suelen buscar más democracia; se terminan contentando con cualquier orden y a cualquier precio. Tan solo esperan que la caída libre se termine, que se toque un piso, aunque mas no fuere para volver a los brazos de quienes les causaron el daño original, solo para que el vértigo se detenga. Aunque ese piso no fuere otro que el del mismísimo infierno.